

Trabajar en ese proyecto me hizo entender que el hombre puede no sólo vivir en este planeta, sino explotar sus recursos naturales en una forma inocua para el medio ambiente, y servirse de la naturaleza sin destruir el mundo en el proceso.
Según la Biblia, Dios hizo este planeta y lo puso en manos del hombre para que se sirviera de el, y administrara en favor propio sus impresionantes recursos:
Génesis 1:26 “Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra».”
Es mi opinión -comúnmente incorrecta políticamente hablando-, que el hombre no debe desaprovechar los recursos que Dios ha puesto en sus manos, pero debe hacerlo de una manera inteligente (como lo hace la industria avícola, la ganadera y otras, porque a pesar de ser las vacas, los pollos y los cerdos los animales que más matamos para el consumo humano, son los que más lejos de la extinción están) Sin embargo, para el efecto necesitamos poner a funcionar primeramente el sentido común y deshacernos de la ignorancia, la desidia, la avaricia y la inconsciencia (todas viejas conocidas, y amigas íntimas del hombre).