
Los Chapines tenemos hoy un instrumento legal (la nueva ley de adopciones) que, a decir de muchos, "echara por tierra el modus vivendi de un grupo de inescrupulosos que con sus ambiciones desmedidas ha lucrado por años con los destinos y la vida de inocentes y desamparados niños que son vendidos con fines terribles y oscuros".
He oído estos argumentos, y sé que han sido muy útiles para convencer y ganar las voluntades de muchos. ¿Quién objetaría una ley que impediría el desnaturalizado comercio que algunas “malas madres” hacen con el fruto de sus vientres? ¿Quién no apoyaría una ley que obstaculice el tráfico de niños cuyo triste final sería la extracción de sus órganos o la prostitución? Y ¿Quién no estaría feliz de poner fin al enriquecimiento de esos mezquinos abogados que se “untan” de plata con cada niño que venden? Pero estas preguntas merecen un análisis que va más allá de la simple corrección sentimental y política:
¿Detendrá la nueva ley de adopciones el nacimiento de esos niños que hoy son vendidos por madres que no pueden o no desean tenerlos? Y ¿Quién tendría el derecho -independientemente de los “excelentes” principios morales que pudiera tener-, de emitir un juicio de valor sobre ese particular que ni siquiera es penado por la ley?
Por otro lado, jamás se ha probado el extremo de que algunos de estos niños hayan sido comprados con el fin de extraerles los órganos o simplemente con el propósito de prostituirlos (cosa que, si se piensa bien, económicamente parece un tanto ilógica). Si fuera el caso y yo estuviera equivocado ¿Porqué no se conoce de ningún proceso, o al menos una simple persecución, contra los presuntos responsables?
Además, no es cierto que el precio de un proceso de adopción vaya a parar, integro, a los bolsillos de los abogados pues los costos del trámite son sumamente elevados, pero si así fuera, ¿Cual es el problema de que ellos cobren honorarios decentes a personas que están acostumbradas a pagarlos, y no los miserables emolumentos que suele cobrar la mayoría de los profesionales en Guatemala? ¿Será envidia acaso, o tendrá algo que ver con el tonto paradigma que tenemos los chapines de creer que ganar dinero es cosa sucia y de gente mala?
Por considerarlo innecesario, no argumentaré sobre el perverso y verdadero interés que ha dado origen a esta ley, tampoco hablaré de los inevitables resultados que se obtendrán de la generalizada y evidente incompetencia del estado, cuando tome a su cargo el tema de las adopciones..... Basta visualizar lo que le sucederá a esos niños que ya no tendrán una oportunidad real de vivir en un hogar decente, con personas que, aunque no los hayan engendrado y concebido, los amarían y los cuidarían tanto o más que el mejor de los padres.
He oído estos argumentos, y sé que han sido muy útiles para convencer y ganar las voluntades de muchos. ¿Quién objetaría una ley que impediría el desnaturalizado comercio que algunas “malas madres” hacen con el fruto de sus vientres? ¿Quién no apoyaría una ley que obstaculice el tráfico de niños cuyo triste final sería la extracción de sus órganos o la prostitución? Y ¿Quién no estaría feliz de poner fin al enriquecimiento de esos mezquinos abogados que se “untan” de plata con cada niño que venden? Pero estas preguntas merecen un análisis que va más allá de la simple corrección sentimental y política:
¿Detendrá la nueva ley de adopciones el nacimiento de esos niños que hoy son vendidos por madres que no pueden o no desean tenerlos? Y ¿Quién tendría el derecho -independientemente de los “excelentes” principios morales que pudiera tener-, de emitir un juicio de valor sobre ese particular que ni siquiera es penado por la ley?
Por otro lado, jamás se ha probado el extremo de que algunos de estos niños hayan sido comprados con el fin de extraerles los órganos o simplemente con el propósito de prostituirlos (cosa que, si se piensa bien, económicamente parece un tanto ilógica). Si fuera el caso y yo estuviera equivocado ¿Porqué no se conoce de ningún proceso, o al menos una simple persecución, contra los presuntos responsables?
Además, no es cierto que el precio de un proceso de adopción vaya a parar, integro, a los bolsillos de los abogados pues los costos del trámite son sumamente elevados, pero si así fuera, ¿Cual es el problema de que ellos cobren honorarios decentes a personas que están acostumbradas a pagarlos, y no los miserables emolumentos que suele cobrar la mayoría de los profesionales en Guatemala? ¿Será envidia acaso, o tendrá algo que ver con el tonto paradigma que tenemos los chapines de creer que ganar dinero es cosa sucia y de gente mala?
Por considerarlo innecesario, no argumentaré sobre el perverso y verdadero interés que ha dado origen a esta ley, tampoco hablaré de los inevitables resultados que se obtendrán de la generalizada y evidente incompetencia del estado, cuando tome a su cargo el tema de las adopciones..... Basta visualizar lo que le sucederá a esos niños que ya no tendrán una oportunidad real de vivir en un hogar decente, con personas que, aunque no los hayan engendrado y concebido, los amarían y los cuidarían tanto o más que el mejor de los padres.